DI. Academia Nacional de Medicina. Acuerdo con motivo de los 300 años de la Universidad Central de Venezuela

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Tras largas e infructuosas gestiones de más de 30 años, el 22 de diciembre de 1721 el rey Felipe V, mediante Real Cédula firmada en Lerma (Burgos) le concedió al Real Colegio Seminario de Santa Rosa de Lima de la ciudad de Santiago de León de Caracas, la facultad para dar grados y erigirse en Universidad con el título de Real y con iguales prerrogativas que la de Santo Domingo. Un año después, el 18 de diciembre de 1822, el papa Inocencio XIII mediante bula apostólica también da su autorización y protección por lo que la universidad recibiría el título de Real y Pontificia Universidad de Caracas. Por razones que no están claras, el establecimiento formal de la Universidad no se realizó sino el 11 de agosto de 1725, siendo nombrado como rector el doctor Francisco Martínez de Porras; por otra parte, los estatutos o constituciones que debían regir su funcionamiento fueron sancionadas en 1727. Las primeras cátedras fueron las relacionadas con filosofía, derecho y teología, añadiéndose la de medicina en 1763. Tras la guerra de independencia, la universidad permaneció prácticamente con sus características coloniales hasta 1827 cuando el Libertador, presidente de Colombia, suprimió las antiguas y anticuadas Constituciones y decretó los nuevos Estatutos Republicanos, promulgados el 24 de junio de 1827. Se convierte así la Real y Pontificia Universidad en UNIVERSIDAD CENTRAL DE VENEZUELA. La sede inicial de la Universidad estuvo en el local que ocupaba el Colegio Seminario de Santa Rosa y allí permaneció hasta 1857 cuando se trasladó al antiguo convento de San Francisco. En esta última sede permaneció hasta 1953, cuando se trasladó a su sede actual en la Ciudad Universitaria de Caracas.

Esta obra magna del arquitecto Carlos Raúl Villanueva, fue construida en terrenos de la antigua hacienda Ibarra, en un gran complejo urbano de alrededor de 200 hectáreas que incluyó un total de 40 edificios considerada hoy en día Patrimonio Cultural de la Humanidad, distinción que sólo comparte con la Universidad Nacional Autónoma de México. Se creaba así un espacio donde el arte y la arquitectura se amalgamaron en una “síntesis de las artes” con obras de arte tan importantes como las Nubes Flotantes de Alexander Calder que decoran su Aula Magna, murales de Víctor Vasarely, Wifredo Lam, Ferdinand Léger, y esculturas de Jean Arp y Henri Laurens, así como el icono de la Universidad, el reloj de la plaza del rectorado, obra de Villanueva. El 2 de marzo de 1954, Marcos Pérez Jiménez inauguró la Plaza Cubierta, el Aula Magna y la Biblioteca Central con motivo de la celebración de la X Conferencia Iberoamericana en Caracas.

Volviendo a su historia, una vez creada, la Universidad de Caracas envió al Consejo de Indias su  proyecto de Estatutos el cual fue aprobado en mayo de ese mismo año, los cuales rigieron la vida de la Universidad durante todo el período colonial, con algún intento de reforma parcial de los mismos en 1817.  Entre 1725 y 1821 la Universidad de Caracas graduó 2756 estudiantes entre Bachilleres, Licenciados, Maestros y Doctores. De allí surgió en gran parte el grupo de próceres civiles que conformaron nuestras instituciones republicanas durante el proceso de independencia, con figuras como Juan Germán Roscio, Andrés Bello y José María Vargas, por citar algunos, y de allí también, universitarios unidos a estudiantes de colegios vecinos, a 85 seminaristas del Colegio de Santa Rosa y a escasas fuerzas patriotas liderados por José Félix Ribas y Vicente Campo Elías detuvieron el 12 de febrero de 1814 el avance de la fuerzas realistas comendadas por José Tomás Boves en la Victoria. Esa fecha es conmemorada por el Día de la Juventud en nuestro país. No sería esa la única vez que estudiantes pagarían una cuota de sangre por defender sus principios ante la injusticia.

Una vez consumada nuestra independencia el gobierno republicano orientado por nuestro Libertador con espíritu innovador ajustado a esta nueva etapa de nuestro país, promulgó el 24 de junio de 1827 los nuevos Estatutos que determinarían la vida de nuestra Universidad Central de Venezuela. Destaca en esa etapa inicial al frente de nuestra casa de estudios el Dr. José María Vargas, quien en el trienio 1827-1830 se reveló como un verdadero   propulsor del movimiento científico de esa época.

Resaltaban en esta nueva etapa la  absoluta separación que se hacía de la iglesia como factor dominante en el quehacer universitario, la reforma del claustro, la actualización de las    cátedras, la introducción de nuevas carreras, dando cabida en ellas a  las nuevas corrientes científicas como es el caso de medicina y la asignación de rentas para darle base material a la autonomía universitaria, con lo que se buscaba adecuar la institución a la nueva situación jurìdico-polìtica de un país que transitaba de la subordinación colonial a la condición de nación independiente.  Se rompían así viejas y absurdas costumbres como la del color de la piel como requisito de ingreso, la «vista et moribus» (tipo de carta donde se demostraban la vida de buenas costumbres), y se abandonó el latín como lengua en que se impartían las clases, así como aquella disposición  que establecía que sólo Doctores en Medicina podían asumir el papel de Rectores.

En la sesión del Claustro Pleno Universitario del 09 de julio de 1811 la Universidad de Caracas bajo la presidencia del Rector Dr. José Vicente Machillanda se pronunció para respaldar y reconocer: “la independencia absoluta de la Provincia de Venezuela de toda otra potestad que no emane de la voluntad libre y general de sus pueblos”. Al efecto se emitió un Acta que reposa hoy en el Archivo Histórico de la UCV, cuyo gran valor jurídico y político llevó, el 30 de septiembre de1812, a que el Capitán Domingo Monteverde, jefe militar de las fuerzas realistas que reconquistaron Caracas, presionara al Claustro universitario para tachar de sus libros el contenido pro independentista de la trascendente Acta.

No sería esa la única agresión que la Universidad Central de Venezuela recibiría a lo largo de su afanosa historia, ya que en el período de vida de la república que se extiende posteriormente hasta 1936 con la crisis política que sigue a la independencia, y la Guerra Federal, van a impactar la vida universitaria, la cual se vería reducida a un mínimo funcionamiento académico, para sufrir posteriormente  los abusos de Antonio Guzmán Blanco y de Joaquín Crespo, entre 1870 y 1898, quienes bajo el establecimiento en Venezuela de una “tiranía liberal”,  despojaron a la Universidad  de su autonomía y de su patrimonio material heredados de tiempos coloniales y de los recursos asignados por Simón Bolívar en los inicios republicanos.  La posterior toma del poder por Cipriano Castro en 1899 y el ascenso de Juan Vicente Gómez para asumir el mando de los destinos del país entre 1908 y 1935 no mejoró la situación, con cierre de sus actividades por órdenes gubernamentales en 1912, el cual se extendió hasta 1922.

Ante los mecanismos de opresión la Universidad respondió con diversas manifestaciones cívicas, entre ellas la “Sagrada” de 1901, las protestas y huelga universitaria contra las reformas del Rector Guevara Rojas en 1912 impuestas por Gómez, y la marcha protesta dirigida por el rector Francisco Antonio Rísquez en 1935. Ausente por las circunstancias antes dichas de la Reforma de Córdova de 1918, una década más tarde durante los actos de la Semana del Estudiante, surgiría una nueva protesta en la que se manifestaría  la llamada Generación del 28,  quienes con sus boinas azules y su visión por una Venezuela diferente,  darían origen a una generación política que tendría mucho que ver desde 1936 con la forja de la Venezuela moderna del siglo XX, y de la cual saldrían después de López Contreras y Medina Angarita los líderes que gobernarían al país en las siguientes décadas. Destacaron en este grupo heterogéneo quienes después serían   dirigentes políticos e intelectuales relevantes  como Rómulo Betancourt, Jóvito Villalba, Miguel Otero Silva, Juan Oropeza, Isaac J. Pardo y Rodolfo Quintero, entre otros. Muchos de ellos fueron encarcelados después de los hechos, mientras que algunos fueron al exilio sin poder concluir sus estudios.

En 1958, después de la caída del dictador Marcos Pérez Jiménez, una comisión gubernamental estableció una nueva ley para las universidades. La nueva ley entró en vigencia el 5 de diciembre del mismo año. En ella se garantizaba en un principio una autonomía que permitía tanto a los profesores como a los estudiantes estudiar y trabajar en un ambiente de libertad y tolerancia a todas las corrientes del pensamiento. Esta base legal muy importante sin embargo fue desvirtuada durante la década de 1960 cuando guerrilleros y rebeldes, apoyados por Fidel Castro,  se refugiaron en el interior del campus universitario intentando escapar a la persecución gubernamental. Esta tensa situación llegó a un punto muerto en 1969 cuando los estudiantes exigieron reformas y transformaciones radicales. Por último, el 31 de octubre de 1969, la administración del presidente Rafael Caldera ordenó el allanamiento de la universidad, conocido como la Operación Canguro. El rector Jesús María Bianco fue obligado, asimismo, a renunciar a su cargo. La Universidad se reabrió en 1971 con un nuevo rector y un nuevo plan para la renovación.

La agresión a nuestra máxima casa de estudios no se ha detenido , ya que ante su posición de defensa de nuestros valores cívicos, institucionales  y morales, desde  hace ya dos décadas ha sido sometida a una asfixiante política presupuestaria destinada a provocar la claudicación de quienes valientemente la han defendido en el claustro y en la calle con pérdida de vidas que tenían mucho por darle a nuestro país, y con prisiones injustas a otros que no han hecho nada más que defender esos valores. El papel que estos valientes estudiantes han jugado en estas protestas es incuestionable.

Es necesario reconocer que el desarrollo académico de nuestra Universidad se vio impactado de una manera favorable por la acogida en sus aulas de inmigrantes europeos desplazados por la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, quienes contribuyeron en una forma muy positiva con el desarrollo de las ciencias naturales, entre ellas la medicina, la tecnología, las ciencias sociales y humanísticas. Venezuela ha sido siempre un país de acogida, aunque tristemente, la situación ahora se ha invertido, con la trágica diáspora que afecta al país.

Entre 1901 y 1935 se incorporaron a la vida nacional 3321 egresados de la UCV, quienes con su espíritu ucevista y sus conocimientos científicos, técnicos y humanísticos contribuyeron a la transformación de nuestro país, y entre 1936 y 2009, 216 686 egresados de pregrado y postgrado han salido del Paraninfo o del Aula Magna contribuyendo con su aporte en diferentes áreas de la actividad nacional al progreso de nuestro país.

Pese a todos los contratiempos, la Universidad Central de Venezuela no se ha detenido, ha seguido formando ucevistas orgullosos de su institución, y la Casa que Vence la Sombra se impondrá al mal, para que más temprano que tarde, una nueva generación cívica y universitaria reasumirá los destinos del país para llevarle a su recuperación cívica, moral y económica. Por todo lo anterior y

CONSIDERANDO:

1º Que la Universidad Central de Venezuela cumple este 22 de diciembre de 2021 300 años de existencia, dedicados a la loable labor de la enseñanza de miles de estudiantes, a la investigación y a la extensión del conocimiento producido

2º Que ella ha constituido a lo largo de estas tres centurias un bastión de defensa de los valores cívicos y morales de nuestra nación

3º Que su sede es Patrimonio Cultural de la Humanidad

4º Que muchos de los fundadores e integrantes posteriores de la Academia Nacional de Medicina son egresados de la Universidad Central de Venezuela, y que la sede de nuestra Academia se encuentra localizada el Palacio de las Academias, antigua sede de esta Universidad, lo que identifica más todavía a la Academia Nacional de Medicina con la Universidad Central de Venezuela

LA ACADEMIA NACIONAL DE MEDICINA

ACUERDA:

1º Felicitar a la Universidad en la persona de sus autoridades, y sumarse al júbilo de la celebración de sus 300 años de existencia

2º Respaldar a las autoridades universitarias en su lucha por la defensa de la institución, por la consecución de un justo presupuesto que le permita mantener la calidad de su existencia

3º Propiciar y apoyar todas las gestiones que sin fines politiqueros tiendan a recuperar su estructura física y sus obras de arte

4º Felicitar a todos los docentes, estudiantes activos y egresados, personal administrativo y obrero de la Universidad Central de Venezuela ya que pese a todos los contratiempos que tienen que enfrentar por las actuales condiciones de trabajo e injusticias salariales, se han mantenido en una lucha que tiene entre sus fines la persistencia de nuestra máxima casa de estudios,

5º Hacer público el presente acuerdo.

En Caracas, al vigésimo primer día del mes de diciembre de dos mil veintiuno.

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