BM. Volumen 8, No. 90, Junio 2016

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Sección I – Editorial
Rafael Muci-Mendoza 2016-8-90-I-103
Elogio del callar… Sobre la rehabilitación del verbo y el momento de guardar silencio…
¡Se los aseguro! ¡Cuarenta y ocho horas de guardia continuada en un servicio de emergencias, no es una experiencia que me agradara o deseara volver a repetir…! Por eso me maravillan los médicos de emergencias y los intensivistas y su pasión por la guardia perenne. Tenía 22 jojotos años…era mi último año de internado permanente en el Hospital de la Cruz Roja Venezolana en Caracas y era yo el Jefe de la Guardia 5. Sería como a eso de las tres y media de la madrugada cuando creí desfallecer del cansancio… estaba a punto de completar dos días y medio en vigilia, sumergido en una tormentosa secuencia de heridos, baleados, crisis de histeria mayor, intervenciones quirúrgicas qué ayudar, historias clínicas qué hacer, puntos de sutura qué tomar, partos qué atender, compañeros
qué enseñar, tiempo apretujado para forjar la experiencia…; sin embargo… parecía que el frescor que traía la Quebrada de Anauco desde cerro arriba, había amainado la borrasca de aquel día y la quietud propiciaba una tregua. Al subir a descansar al Cuarto de Internos, envidié el desentonado concierto de mis compañeros: Los ronquidos de los discretos, las acompasadas burbujas de los de profundo sueño y las lenguarada sin coherentes de los somnílocuos.

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