Pruebas de ejercicio cardiopulmonar durante el embarazo

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Jenna B. Wowdzia, Margie H. Davenport, Publicado por primera vez: 07 septiembre 2020 https://doi.org/10.1002/bdr2.1796

Recopilado por Carlos Cabrera Lozada. Director del postgrado de Medicina Materno Fetal. Universidad Central de Venezuela. ORCID: 0000-0002-3133-5183. 14/09/2021

RESUMEN

El objetivo de esta revisión es examinar las consideraciones prácticas al realizar pruebas de ejercicio cardiopulmonar durante el embarazo. En un entorno clínico y de investigación, las pruebas de ejercicio cardiopulmonar durante el embarazo son valiosas para identificar afecciones cardiopulmonares subyacentes, estratificar el riesgo de resultados adversos del embarazo y establecer tolerancia / limitaciones al ejercicio. Esta revisión abarca información sobre las adaptaciones fisiológicas únicas que ocurren a lo largo de la gestación (por ejemplo, cambios en la frecuencia cardíaca en reposo, presión arterial, glucosa, etc.) y cómo estas adaptaciones afectan la interpretación de las mediciones fisiológicas. También hay preocupaciones clave que son exclusivas de las poblaciones embarazadas que deben considerarse al participar en el ejercicio (es decir, feto, ventilación, termorregulación, incontinencia urinaria, dolor lumbar y dolor de cintura pélvica). Esta revisión paso a paso de las pruebas de ejercicio cardiopulmonar describe los ajustes relacionados con el embarazo a los métodos estandarizados (es decir, detección / documentación, mediciones previas y posteriores a la prueba, detalles del protocolo, selección de modalidades y monitoreo fetal) que deben considerarse para la seguridad tanto del participante como del feto. Actualmente, faltan pautas de pruebas de ejercicio específicas para el embarazo. Por lo tanto, discutiremos las limitaciones de las recomendaciones actuales, como un corte seguro para la frecuencia cardíaca en reposo y los criterios de interrupción de la prueba específica del embarazo.

INTRODUCCIÓN

La evidencia de los últimos 50 años ha establecido que la baja aptitud cardiorrespiratoria se asocia con un mayor riesgo de mortalidad por todas las causas (Kodama, Saito y Tanaka, 2009),riesgo de enfermedad cardiovascular (Kodama et al., 2009)y algunos cánceres (Kampert, Blair, Barlow y Kohl, 1996)en una relación dosis-respuesta (Departamento de Salud y Servicios Humanos de los Estados Unidos, 2008). Por ejemplo, un aumento de 1-MET en la aptitud aeróbica (es decir, el consumo máximo de oxígeno; VO2máx.) se asocia con una reducción del riesgo de enfermedad cardiovascular del 15% y una caída del 13% en el riesgo de mortalidad (Kodama et al., 2009). La aptitud cardiorrespiratoria refleja la capacidad del cuerpo para tomar, transportar y utilizar oxígeno por los músculos que trabajan (Warurton, Gledhill y Quinney, 2001). Aunque la heredabilidad de la aptitud cardiorrespiratoria es sustancial (~ 50%) (Bouchard et al., 1998),también es altamente entrenable (y desencarnable). Las pruebas de ejercicio cardiopulmonar (CPX) ofrecen a los médicos información valiosa sobre la aptitud cardiorrespiratoria de un individuo por medio de mediciones fisiológicas no invasivas (por ejemplo, VO2max/pico, umbral ventilatorio, hemodinámica, saturación de oxígeno, relación de intercambio respiratorio, frecuencia cardíaca, tasa de esfuerzo percibido / síntomas subjetivos y otros valores potencialmente pronósticos) (Ross et al., 2016). Los valores clínicos obtenidos de una CPX pueden ayudar en la estratificación del riesgo, la identificación de enfermedades, la prescripción de ejercicios y se pueden utilizar para evaluar los planes de tratamiento en curso (Balady et al., 2010a, 2010b). CPX es una práctica establecida para evaluar la salud de muchas poblaciones de pacientes, incluidas las enfermedades cardiovasculares, los accidentes cerebrovasculares, las miopatías mitocondriales y los trastornos musculoesqueléticos (Balady et al., 2010a, 2010b). En 2016, la Asociación Americana del Corazón produjo una declaración científica que aboga por la inclusión de la aptitud cardiorrespiratoria en la práctica clínica como un signo vital; afirmando que las pruebas de aptitud cardiorrespiratoria son esenciales para reconocer los factores de riesgo y los predictores de mortalidad (Ross et al., 2016).

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