CV. Cómo la pandemia condujo a la confusión y al descubrimiento

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Brenda Goodman, CONFLICTOS DE INTERÉS. Cómo la pandemia condujo a la confusión y al descubrimiento (medscape.com)

Recopilado por Carlos Cabrera Lozada. Miembro Correspondiente Nacional, ANM puesto 16. ORCID: 0000-0002-3133-5183. 15/02/2022

En marzo de 2020, cuando el mundo entraba al inicio de una pandemia global, 61 miembros del Coro de Skagit Valley, en el noroeste del estado de Washington, Estados Unidos, se reunieron para un ensayo de 2 horas. Siguieron las precauciones recomendadas por los funcionarios de salud locales, evitando el contacto físico, usando desinfectante para manos y manteniendo la distancia social.

En cuestión de semanas 52 miembros del coro fueron diagnosticados con COVID-19, varios fueron hospitalizados y dos fallecieron. Inicialmente los expertos estaban desconcertados acerca de las razones.

«Sabías que solo había algo que habían compartido todos los que estaban en esa habitación y era el aire. Sin duda, eso es lo que condujo a la propagación», señaló Kimberly Prather, Ph. D., profesora en la Scripps Institution of Oceanography, en San Diego, Estados Unidos, especialista en química de aerosoles.

Fue un momento crucial en una pandemia que ha creado cambios tectónicos en nuestras vidas en el hogar, el trabajo y el ocio. La pandemia también ha provocado cambios importantes en el mundo de la salud, la medicina y la ciencia, algunos de los cuales probablemente seguirán presentes una vez que el virus ya no domine los titulares de las noticias diarias.

El dogma de las gotas

Durante la mayor parte del siglo pasado hubo un amplio consenso entre los expertos en salud pública de que la propagación de enfermedades respiratorias, como los resfriados comunes y la gripe ocurrían en gran medida cuando las personas entraban en contacto con gotas más grandes, pesadas y cargadas de partículas víricas expulsadas por las personas al toser o estornudar.

Según esta teoría, tenías que estar lo suficientemente cerca de una persona enferma cuando tosía o estornudaba para contagiarte o debías tocar una superficie donde recientemente habían caído algunas de estas gotas grandes.

Este dogma de las gotas formó el fundamento de las medidas de salud iniciales con las que muchas personas se familiarizaron en los primeros días de la pandemia, como el distanciamiento social de 1,5 metros y la limpieza frecuente de las superficies del hogar y el lugar de trabajo, que condujeron a una escasez de toallitas y espray antibacterial.

Se pensaba que la verdadera propagación de infecciones por el aire era escasa.[1] El experto en enfermedades infecciosas, Jeffrey Shaman, Ph. D., escuchó los primeros consejos de los expertos en salud y los presentadores de noticias sobre cómo se transmitía COVID-19 por gotas y se mostró incrédulo.

«Estoy sentado allí, volviéndome loco, gritando al televisor y diciendo: ‘¿Cómo sabemos esto? ¡Es un virus nuevo!'», comentó Shaman, director del Programa de Clima y Salud de la Columbia University, en Nueva York, Estados Unidos, cuyo trabajo se centra en el modelado de la propagación de enfermedades infecciosas.

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