Maria Teresa Garozzo, et al. Frente. Pediatr. , 26 de junio de 2025. Sec. Enfermedades Infecciosas Pediátricas, Volumen 13 – 2025 |https://doi.org/10.3389/fped.2025.1597001
Recopilado por Carlos Cabrera Lozada. Individuo de Número, ANM Sillón VII. ORCID: 0000-0002-3133-5183. 29/06/2025
Resumen
Introducción: La primoinfección por Toxoplasma gondii ( T. gondii ) durante el embarazo puede llevar a consecuencias graves en el feto y el recién nacido, incluyendo aborto, enfermedad congénita o complicaciones neurooftalmológicas.
Objetivos: Este estudio tuvo como objetivo evaluar la incidencia de toxoplasmosis congénita (TC) en una cohorte de recién nacidos y evaluar sus secuelas neurológicas, oftalmológicas y auditivas. Además, se examinaron las correlaciones entre las tasas de infección, la edad gestacional en el momento de la seroconversión materna, el tratamiento prenatal y los resultados posnatales.
Métodos: Se estudió una cohorte de 220 recién nacidos evaluados por sospecha de CT entre 2000 y 2021 en tres hospitales de Catania, Italia. El cribado prenatal identificó el 98,6 % de las infecciones maternas. Los datos recopilados incluyeron antecedentes gestacionales, datos clínicos neonatales y evaluaciones de seguimiento.
Resultados: La transmisión de madre a hijo (TMH) ocurrió en el 19,2% (29/151) de los casos con datos de seguimiento disponibles. Las tasas de TMH aumentaron significativamente con la edad gestacional en la seroconversión materna: 5% en el primer trimestre, 23% en el segundo y 63% en el tercero ( p < 0,001). El tratamiento prenatal administrado durante ≥28 días se asoció con una tasa de TMH significativamente menor (11,8% frente a 28,6%, p = 0,037). No se encontró asociación significativa entre la edad materna y el riesgo de transmisión (OR = 1,38; IC del 95%: 0,54–3,55; p = 0,635). De los 29 recién nacidos infectados, 17 (58,6%) fueron sintomáticos al nacer y durante el seguimiento a largo plazo. Las manifestaciones incluyeron microcefalia (10%), anomalías intracraneales (19%), trastornos del comportamiento (4%), epilepsia (7%) y retraso psicomotor (7%). Se presentaron lesiones oftalmológicas en el 21% al nacer y en el 45% durante el seguimiento; no se registraron casos de hipoacusia. No se observó una correlación significativa entre la edad gestacional en el momento de la seroconversión y la presencia de síntomas clínicos, hallazgos oculares o secuelas neurológicas.
Conclusiones: El cribado prenatal es eficaz para identificar a los recién nacidos con riesgo de TMH que requieren seguimiento y tratamiento estrechos. Si bien nuestros hallazgos coinciden con la literatura sobre las tasas de TMH, difieren en cuanto a la correlación de casos sintomáticos. Se requieren más estudios para comprender mejor los factores que influyen en la progresión de la enfermedad y los resultados a largo plazo.
