BM. Volumen 6, No. 68, Agosto 2014

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Sección I – Editorial
Rafael Muci-Mendoza 2014-6-68-I-79
Elogio de las actitudes riesgosas…¡Donde entra el sol no entra el médico!
Leo los periódicos desnudo y bajo el sol meridiano de los sábados y los domingos. Bien que podría hacerlo en mi biblioteca, por la Internet a resguardo del sol y ahorrándome algunos bolívares ique fuertes. No es un espectáculo muy edificante que digamos el verme desnudo. Graciela –única sobreviviente de la jet-terapia que se dieron mis hijos y nietos aventándose fuera del país- me mira, se sonríe con sorna y compasión como diciendo, ¡Pájaro embalsamao nunca se fuga! No me molesta, también me gusta reírme de mí mismo, eleva mi ego y me hace más humano y más conforme. ¿Quién ha visto viejo bonito? Me digo palmeándome yo mismo en el hombro… La fealdad de la vejez es como la inflación, es subversiva –hay feos que ofenden-, el gobierno la esconde, la edulcora, pero está allí y aunque con el cabello pintado, el bótox y los afeites, se le reconoce a la distancia; además, quien va a querer el beso baboso de un viejo. Dice la copla sexista: Una vieja me dio un beso
que me tiene enmabitao: los besos que dan las viejas saben a cacho quemao. El sol produce cáncer de piel. Eso lo sé. Suele ser visible, es extirpable y puede ser curado en sus comienzos –me digo con fe franciscana-. Quizá el melanoma maligno y el epitelioma espinocelular sean las grandes excepciones. Para que ustedes reconozcan mejor a un melanoma suele definirse con una tríada: negro, feo y maligno. Por cierto, no sé por qué llamaban así a un profesor mío de urología: no le pasaba nadie en los exámenes finales…

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