BM. Volumen 9, No. 106, Octubre 2017

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Sección I – Editorial
Rafael Muci-Mendoza

¿Acaso les conté de mi admiración por Sherlock Holmes…?. Parte I. Un enigma hecho paciente…
De entre los llamados signos vitales: tensión arterial, pulso, respiración y temperatura, este último, por estar menos sujeto a cambios importantes inducidos por estímulos ya externos, ya psicogénicos, es un indicador simple, objetivo y preciso de la condición fisiológica del organismo. Por ello su determinación, asiste al médico en la estimación la severidad de una condición morbosa, curso y duración, los efectos de un tratamiento y aún, como un medio para decidir cuándo una persona sufre de una enfermedad orgánica. En condiciones de salud, a despecho de la temperatura reinante en el ambiente o de la actividad física, la temperatura es mantenida dentro de un estrecho rango. En una persona encamada, no suele ser mayor de 37.2o C, no obstante, experimenta variaciones a largo del día: Una lectura de 36.1o C en mañana al levantarse, es relativamente común, aumentando paulatinamente durante el día hasta alcanzar su más alta gradación, 37.2o C, entre las seis y diez la noche, para luego descender lentamente hacia las dos o cuatro de la madrugada.

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