Krug C, Knipper M and Stieger P (2026) Procedural pain in pediatric care: educational, ethical, and public health imperatives. Front. Pediatr. 14:1818666. doi:|https://doi.org/10.3389/fped.2026.1818666
Recopilado por Carlos Cabrera Lozada. Individuo de Número, ANM Sillón VII. ORCID: 0000-0002-3133-5183. 09/05/2026
Resumen
Un editorial reciente en Lancet Child Adolescent Health se centra en las diversas formas de violencia cotidiana que experimentan los niños en todo el mundo y describe sus consecuencias a largo plazo ( 1 ). Los autores enfatizan que este daño es prevenible, pero requiere la implementación sostenida y la priorización de intervenciones efectivas en todos los sistemas de atención, y que estos esfuerzos siguen siendo insuficientes en la práctica. Existe una brecha similar en el dolor pediátrico durante procedimientos, donde existen estrategias basadas en la evidencia, pero se aplican de manera inconsistente. Esta exposición rutinaria de los niños a un dolor evitable refleja fallas sistémicas e incluso puede entenderse como una forma de violencia estructural dentro del sistema de atención médica ( 2 ). A pesar de un considerable conjunto de evidencia y guías existentes, el dolor pediátrico durante procedimientos sigue abordándose de manera inconsistente en la práctica clínica. Esta discrepancia plantea la pregunta de por qué no se implementan sistemáticamente las intervenciones efectivas y qué factores estructurales perpetúan esta brecha.
El dolor procedimental relacionado con agujas representa una de las fuentes recurrentes más frecuentes de angustia en la atención pediátrica. Las guías nacionales e internacionales definen explícitamente el dolor procedimental tratado de forma inadecuada como un déficit de atención, especialmente en pacientes con capacidad limitada para expresar el dolor ( 3-6 ) . En este contexto, los niños representan una población particularmente vulnerable, ya que dependen de la percepción anticipatoria y la protección de los profesionales de la salud. Si bien el dolor procedimental no se inflige deliberadamente, a menudo se tolera y, por lo tanto, se normaliza de manera efectiva ( 7 ) . Esta discrepancia entre los requisitos normativos y la realidad clínica es particularmente evidente en la educación y la formación médica, donde el manejo del dolor procedimental hasta ahora solo se ha incorporado al currículo de manera limitada ( 8 , 9 ).
Los procedimientos rutinarios como las vacunaciones, las venopunciones o la inserción de catéteres intravenosos exponen repetidamente a los niños al dolor, el miedo y la tensión anticipatoria ( 10 ). Estas experiencias suelen comenzar en la primera infancia y se repiten a lo largo de la niñez. Un creciente conjunto de evidencia muestra consecuencias inmediatas y a largo plazo, incluyendo una mayor sensibilidad al dolor, miedo a los procedimientos médicos y fobias con una prevalencia de aproximadamente el 20 % al 50 % ( 11-15 ) . Además, se describe una menor confianza en los profesionales médicos y una menor utilización de medidas de salud preventiva ( 16 ).
Este artículo examina el dolor pediátrico durante procedimientos desde una perspectiva de educación médica, ética y salud pública, y aborda la demanda, presente en artículos especializados recientes, de que todo niño tiene derecho a un alivio adecuado del dolor y a la disponibilidad de intervenciones eficaces basadas en la evidencia ( 17 ). En este artículo, nuestro objetivo es abordar esta brecha mediante la síntesis de la evidencia existente y su interpretación a través de un marco conceptual que vincula la violencia estructural, el currículo oculto en la educación médica y un enfoque de la salud infantil basado en los derechos.
Cuando existen estrategias eficaces para la prevención del dolor, pero no se implementan sistemáticamente, el daño resultante no es accidental, sino estructural. En este sentido, el dolor procedimental no tratado en niños puede entenderse como una forma de violencia estructural, arraigada en prácticas rutinarias, prioridades institucionales y omisiones educativas, más que en la intención individual. Este artículo de opinión replantea el dolor procedimental pediátrico como un fallo sistémico y sienta las bases para examinar el problema desde perspectivas educativas, éticas y de salud pública.
